domingo, 10 de mayo de 2009

EN EL DÍA DE LA MADRE

Hola a todos; hoy -haciendo un alto por el día de las madres- comparto con ustedes un texto que pertenece a mi blog: EL VALLE HABLADOR en el que narro lo que pasamos mi madre, mis hermanos y yo en los años ochenta. Es curioso como una madre puede dar tanto sin mayor interés que el ver logrados a sus hijos. No sé lo que será de nosostros cuando ella nos deje, pero si estoy seguro que ella ha dado todo lo que necesitamos para sobrevivir en esta jungla.
La historia que leerán en seguida ocurrió en mi primer día de clases y es totalmente verídica. Espero que la disfruten.
Apenas faltaban unos minutos para las ocho de la mañana y Enrique apresuraba a su madre para ingresar al colegio. Era su primer día en la escuela y no podía llegar tarde. Llevaba una camisita blanca de poliseda, pantalón plomo unas medias sintéticas plomas y delgadas, un par de zapatos negros usaditos que Andrea –su madre- había comprado con mucho esfuerzo. Ella llevaba una blusa celeste floreada multicolor, una falda entubada de color azul marino, unos zapatos de taco delgados y con correas que enrrollaban sus delgadas piernas, una cartera de Marroquín negro y un par de delgados ganchos negros que sujetaban su enorme cabellera.
La directora del C.E. 2052 “María Auxiliadora”, la profesora Nora García, empezaba la ceremonia. El sol era radiante esa mañana. Las caritas de niños inocentes y emocionados por asistir al colegio se veían golpeadas por los rayos solares que bronceaban aun más la piel de los escolares expuestos como pedacitos de carne. Eran los primeros días de abril y aun el calor acompañaba las jornadas diarias, en cada formación, de manera religiosa, apresurando a la escolta, correteando a los escolares por todo el patio, obligándolos a refugiarse en las aulas pre fabricadas y con techos de eternit.

-¡Saludo al frente, Saludo!
-¡Con la escolta, de frente, Marchen!

De pronto, Andrea empezó a lagrimar suavemente sobre sus mejillas, su hijo estaba cantando el Himno Nacional del Perú. Era el mayor de cuatro hermanos, debía ser el ejemplo, desde pequeño se lo había dicho, así sería.

-Somos libres, seámoslo siempre,
-Como ha crecido, siento que se separa de mí. Ya es todo un hombrecito. Jamás pensé que lloraría por esto.
-y antes niegue sus luces el sol,
-¿qué será de ti, como te tratará la vida hijo mío? Espero estar siempre a tu lado para apoyarte cundo me necesites.
-que faltemos al voto solemne
-solo ruego para que sea mejor que sus padres. Por lo menos que termine su secundaria. Seguro que llegas lejos, no importa lo que estudies, siento que llegarás lejos.
-que la patria al Eterno elevó.
-¿Cómo haré para mantenerlos?. Son cuatro. ¿Qué me pedirán en su aula? Ojalá que sean pocos útiles. Aunque sea venderé mis gallinitas, pero no dejaré que le falte nada. Nos costará un poco pero lo haremos. Claro que sí.

Enrique, había soñado con ese momento, se sentía grande, sus ojitos brillaban de emoción, sus manitos transpiraban por la alegría de estar en la escuela, miraba de reojo a sus compañeritos y se emocionaba más. Entonaba con más fuerza el Himno Nacional, se sentía más peruano, más importante, más hombre. En cada línea, pasaba por su memoria la imagen de sus primeros años, de los tiempos vividos en la selva, de sus hermanos, de su madre. La miró y se emocionó aun más, ella tenía una extraña sonrisa dibujada en el rostro marcado por las lágrimas. Él elevó su mirada al cielo despejado y se perdió entre sus ideas matinales.

El colegio estaba rodeado por cerros totalmente desnudos, toscos y tenebrosos. Uno de ellos, el más elevado, tenía en la parte media una enorme roca configurada caprichosamente. Parecía una enorme cara, extraña cara con mirada siniestra. Por lo menos así se vio hasta terminar la primaria. Al año ochenta, el colegio solo tenía una dirección con material pre fabricado, un aula para cada grado y estaban construyendo un pabellón con material noble. El patio tenía piso afirmado, el viento ayudaba a levantar el polvo de cuando en cuando. Los cerros formaban una especie de herradura, de brazos que protegían a la escuelita, eran sus barreras naturales, con una puerta enorme de triplay y madreas para la entrada y una capilla a la espalda. Él había cumplido los seis años, era menudito, de cabellos lacios, piel trigueña, ojos de caramelo, largas y pobladas pestañas, callado, serio, siempre taciturno, muy fantasioso y soñador. Ahora, eran uno solo, el colegio y él, serían grandes, un buen complemento, hasta el final, por la victoria, por la gloria, nunca se separarían.

-Mas apenas el grito sagrado
-¡Qué habrá detrás de esos cerros? Seguro que hay un volcán enorme. De repente existen animales enormes, hasta cuevas deben existir seguro.
-!Libertad! en sus costas se oyó,
-A lo mejor, un río torrentoso y un puente colgante -como los de la antigüedad- hecho solo con cuerdas.
-la indolencia de esclavo sacude,
-¿Qué clase de gente vivirá al otro lado? Seguro que hay hombres primitivos como los de la tele. Uno de estos días subiré para ver todo. Espero convencer a alguien más. Iré con Johni, él si me acompaña.
-la humillada cerviz levantó.
-Mi mamá me está mirando. ¡Uf, que calor!, me arde la cara. Siente pena seguro. Yo nunca la voy a dejar. Cuando yo sea mayor, trabajaré en un banco para tener harto dinero y darle lo que ella quiera. Voy a comprarle una casa como la que teníamos en El Milagro. Si le cuento a mis amigos como quemaba el sol en la selva, seguro que no me creen. Le voy a comprar todo nuevo, ya no compraremos cosas usadas. A mi colegio le voy a poner piso y …

Somos libres, seámoslo siempre,
y antes niegue sus luces el sol,
que faltemos al voto solemne
que la patria al Eterno elevó.
(El título original de la historia es LA PRIMERA VEZ)
feliz día a todas las madres (a mi viejita linda y a mi incondicional esposa), feliz día a todas las hijas que serán madres; pero sobre todo, feliz día para los hijos, por tener a nuestras madres en nuestros corazones, aunque ya no estén a nuestro lado.
Hasta la próxima semana.

1 comentario:

EDDY W. ROMERO MEZA dijo...

Lao-tsé, el filósofo chino, escribió en una lejana época esta bella frase que siempre estará vigente: “Un hombre y un niño son dos seres. Una madre y un niño son un solo ser”.