lunes, 24 de septiembre de 2018

LA VOCACIÓN Y LA MOTIVACIÓN EN EL QUEHACER DOCENTE


“Es notable la capacidad que tiene la experiencia pedagógica para despertar,
estimular y desarrollar en nosotros el gusto de querer bien y el gusto
de la alegría sin la cual la práctica educativa pierde el sentido” 
Paulo Freire

Usualmente en las clases que imparto, narro a mis estudiantes las experiencias que he tenido con distintas personas (profesionales o no) para explicarles que uno puede ser exitoso si logra descubrir su propósito, si logra descubrir su vocación; pero, además, si está motivado a sostenerse en el espacio que está eligiendo. Ellos siempre terminan preguntando por qué me gusta enseñar de la forma que lo hago y por qué no todos los docentes hacen lo mismo. Parece sencillo de responder; sin embargo, podemos encontrar múltiples respuestas. ¿Qué hace que algunos maestros sean tan apasionados en sus clases? ¿Qué hace que algunos maestros no logren conectarse con sus estudiantes? Considero que las respuestas a ambas preguntas están en la vocación y la motivación         que nos mueven diariamente.
Es cierto que la inclinación o interés hacia un determinado oficio o profesión hacen que definamos nuestro perfil y destaquemos nuestras aptitudes y capacidades orientadas a la opción que hemos elegido casi de manera natural. La vocación docente, por ello, nos lleva a brindarnos en busca de la mejora social, la comprensión y la paciencia con nuestros estudiantes, el amor mismo a nuestra condición humana. Es nuestra vocación la que nos lleva a convertir los errores en experiencias de aprendizaje, de convertir el traspié en el estímulo para alcanzar el éxito, de escuchar el error para volver a explicar sin juzgar sino valorar la acción. Es la vocación la que nos lleva a andar y desandar, a lograr el respeto en el silencio y el bullicio, entre otras cuestiones más.
Ahora bien, la motivación es el sostenimiento de todos los estímulos posibles para llevar a cabo nuestra labor cotidiana; es esa satisfacción que encontramos en los pequeños detalles que rodean nuestra cotidianeidad, intrínsecas o extrínsecas, propias o ajenas, pero motivación al fin.  Es la motivación la que nos sostiene en un abrazo con los colegas, en la sonrisa de los estudiantes, en la mirada tierna del desconocimiento, en la sorpresa del aprendizaje logrado. Es esa misma motivación la que nos lleva a estar actualizados, a vincularnos en las diversas formas de enseñar y aprender, a exigirnos como profesionales, a satisfacer nuestras ambiciones y pretensiones personales.
Debemos recordar también que la mejora constante, el reconocimiento y la inducción, el estímulo y las recompensas ayudan a sostener esta motivación en el quehacer diario. Lograr el estado de bienestar en el ambiente laboral permite mejorar el rendimiento y la capacidad creativa en el personal docente; es decir, la conexión y vinculación con la empresa empleadora se hacen más fáciles y efectivas. La visión de los superiores, las oficinas de recursos humanos o los departamentos de psicología ayudan en este sentido.
La fórmula es compleja, los resultados son diversos; es por ello que encontramos diversos perfiles docentes, variados maestros de aula, y en la variedad y diversidad es que debemos aprender a movernos. Podemos encontrar a un maestro de vocación que no ha sido motivado en su centro laboral o cuyo estado emocional no es el óptimo y pueda acaso creerse que no sea un buen profesor. Caso contrario, puede encontrarse con un docente que recibe permanentemente motivación y estímulos, pero tiene un nivel de vocación reducido o limitado generando un espejismo en su desempeño diario. O, en el extremo de los casos, algunos ven en la docencia, una salida laboral que les garantiza un ingreso regular y acceso a determinados beneficios que –en nuestro país- se alcanzan con mayor facilidad que en otras profesiones.
Decirnos apóstoles de la educación, en pleno siglo XXI, es un eufemismo que debemos desterrar de nuestro quehacer. Como docentes de vocación y motivados, debemos entender que no existen barreras para profesionalizarnos y alcanzar estándares de calidad en el espacio en el que nos desarrollamos. Decir que sólo somos facilitadores es una verdad a medias pues también somos investigadores, que, en la probidad académica, brindamos información de calidad a los estudiantes. Somos seres de excelencia pues requerimos inteligencia y precisión para destacar la individualidad para potenciar el trabajo colaborativo y cooperativo. Lograr estos estándares de calidad nos permiten ser buenos maestros, no sólo apóstoles de la educación.
Si por vocación elegimos ser maestros; entonces, debemos estar preparados para motivarnos diariamente y pensar en que si sonreímos lograremos arrancar una sonrisa en nuestros colegas y estudiantes. Debemos entender que, si somos apasionados, transmitiremos pasión en las personas que nos rodean; si somos buenos comunicadores y gestores de nuestro conocimiento, promoveremos también estas habilidades en los estudiantes y profesores de nuestros círculos. La pasión, tarde o temprano, promueve pasión.

domingo, 16 de septiembre de 2018

EL RIGOR ACADÉMICO EN EL PROCESO DE ENSEÑANZA - APRENDIZAJE


 Muchas veces nos hemos sorprendido y hasta burlado por el nivel de respuestas que brindan nuestros estudiantes en las diversas pruebas y documentos que requerimos para evaluar sus procesos de aprendizaje. Sin embargo, pocas veces hemos reparado que esa rigurosidad y convencionalidad de sus respuestas están sujetas a los modelos que reciben en las sesiones que impartimos, en las prácticas cotidianas del hogar, en el entorno que los rodea (medios de comunicación y redes sociales); posiblemente, si lo hiciéramos, de la sorpresa pasaríamos a la consternación por ser parte de un problema que debemos abordar de manera más efectiva.
¿En qué medida somos responsables del rigor académico que presentan las respuestas de nuestros estudiantes? La pregunta se cae de madura pues si enseñamos a los estudiantes a responder con propiedad, empleando fuentes confiables y de manera pertinente, respetando alguna convencionalidad y respetando la autoría de la información que mostramos, habremos dado un gran paso. Para ello, sin embargo, debemos empezar por nosotros mismos.
En la actualidad, la mayoría de maestros emplea imágenes en sus diapositivas sin respetar los derechos de autor (no señalan el origen de la imagen); se colocan frases y pensamientos sin respetar convenciones de citado o parafraseado; incluso, no se colocan las fuentes empleadas en el tema trabajado. Todo lo señalado anteriormente no hace sino evidenciar la escasa o nula probidad académica que presentan nuestras sesiones, diapositivas, instrumentos de evaluación utilizados, etc.
Los medios de comunicación (en todas sus formas) hacen poco esfuerzo en citar las fuentes cuando desarrollan algún tipo de información. Peor aún, en las redes sociales circulan textos e imágenes con frases que no necesariamente son ciertas y se comparten con la misma facilidad con que se respira; salvo honrosas excepciones que verifican la autenticidad de la información, muchas veces hemos participado en la difusión de noticias falsas o desactualizadas pues no reparamos en la verificación de la fuente, en la revisión pertinente del texto, en la confiabilidad de la fuente.
Nuestra responsabilidad en este sentido, es grande. Si como docentes, sin importar la asignatura que impartimos, nos preocupáramos en brindar sesiones empleando citas textuales, parafraseando autores respetables en la materia que tratamos, evaluando la calidad de la información que presentamos, certificando con algún instrumento de medición la autenticidad de la información, contrastando la información con otras fuentes, respetando la autoría de los textos que empleamos; estoy convencido, lograremos que los estudiantes, de manera progresiva, se sumerjan en el maravilloso mundo de la rigurosidad académica para desarrollar sus ideas y conceptos.
Como docentes, debemos preocuparnos por agenciar de herramientas para que ellos puedan alcanzar estándares de rigurosidad que los lleven por el camino de la probidad académica. En cada uno de los niveles, desde inicial hasta secundaria, deberíamos preocuparnos por aportar en este camino. Un pequeño de educación inicial, no sabrá escribir, pero si podrá mencionar de dónde obtuvo la información y cómo la obtuvo. Un niño de cuarto o quinto grado de primaria tranquilamente puede mencionar el origen de la fuente que está empleando. Un adolescente de quinto de secundaria estará en la capacidad de señalar desde el origen hasta el valor y las limitaciones de la fuente empleada para su proyecto de ciencias o para la exposición de comunicación.
En estos días de facilismo académico y relajo (descuido) en la rigurosidad de la información que manejamos, aportaríamos en gran medida proporcionando estrategias y herramientas para que nuestros estudiantes tengan la oportunidad de mejorar el pensamiento crítico, la oralidad y el discurso cotidiano con la consecuente mejora de la ciudadanía activa-participativa que tanta falta hace en estos tiempos de frustración y desencanto con nuestra realidad nacional.

domingo, 2 de septiembre de 2018

EL ERROR EN EL APRENDIZAJE



“Las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan,
sino por el número de veces que tienen éxito”
Thomas Alva Edison

Durante estos años, hemos escuchado con suma frecuencia frases como “ellos son estudiantes del siglo XXI“o algunas otras como “debemos educar para el siglo XXI”; sin embargo, pocos tenemos claro el concepto de estudiante del siglo XXI o enseñanza del siglo XXI. Peor aún, seguimos diciendo o escuchando estas frases como si faltara mucho tiempo para llegar y pocas veces caemos en la cuenta de que hace casi dos décadas que estamos en un nuevo siglo.
Una de las particularidades que muestra el estudiante del siglo XXI es su relación frente al error en el proceso de enseñanza aprendizaje. Mientras que en el sistema tradicional – que aún se mantiene- existe un modo correcto de hacer las cosas y cualquier otra alternativa es vista como incorrecta o hasta como un error; el estudiante de este siglo no conoce un modo correcto de hacer las cosas, sino que, postula diversas posibilidades para llegar al objetivo planteado.
La educación tradicional ve en el error la condición de fracaso y sanción, genera decepción en el responsable y genera un temor recurrente para hacer cosas distintas o novedosas para resolver problemas pues –frente al fracaso- temen ser señalados y castigados por las equivocaciones cometidas. La intransigencia para aceptar nuevas formas de abordar los problemas o la intimidación y descalificación que transmitimos los docentes ante las equivocaciones de nuestros estudiantes terminan por consolidar una conducta pasiva, poco expresiva y desmotivadora frente a la oportunidad de aprender
En cambio, la educación de nuestros días ve en el error la oportunidad de motivar y atraer la curiosidad para explorar nuevas posibilidades para desarrollar las habilidades de los estudiantes y experimentar a partir de los resultados que se han obtenido. Es más, si consideramos el elemento de la estimulación y el reconocimiento sumado a la metacognición bien llevada y efectiva; lograremos que los errores se conviertan en experiencias de aprendizaje mucho más significativas que las clases magistrales que podemos brindar los docentes a partir de nuestras competencias, pero desconectadas de los intereses y motivaciones personales en cada estudiante.
Aprender del error implica además una nueva forma de ver la educación. Debemos tener una mentalidad abierta y paciente para entender todo tipo de respuestas en nuestros estudiantes. A partir de ellas, saber motivarlos y sostener la autoestima individual y colectivamente para que la frustración ante el fracaso esté controlada y se promueva esa chispa interna que los lleve a no renunciar hasta alcanzar el éxito. Es muy fácil renunciar al proceso y facilitar las respuestas o procedimientos “correctos” que nosotros tenemos como docentes. Nuestro reto está en ser pacientes para cada uno de sus logros, ser honestos en el aliento que brindemos para que sientan el apoyo y pierdan el miedo a equivocarse. Si ellos descubren el error, posiblemente se motiven a superarlos; si nosotros indicamos el error, es muy probable que ellos renuncien para no equivocarse.
Cuando el estudiante reconoce su error, revisa los procesos seguidos, evalúa los métodos y recursos empleados. En buena cuenta, promueve aprendizajes autónomos, generan conciencia plena para la corrección de sus equivocaciones y establece plazos y metas concretas para los próximos resultados.  Vale decir que, reconocer e identificar errores los llevará a problematizar eventos, casos, situaciones; esta problematización será la vía para la investigación y si se suma una adecuada reflexión, se estará desarrollando el pensamiento crítico en ellos, en la construcción de su propio saber, de un saber sumamente significativo.

Los docentes del siglo XXI tenemos un reto en este sentido. Debemos convertir el error en una experiencia de enseñanza aprendizaje. Todos cometemos errores; pero no basta con cometerlos, muchas veces de manera recurrente y permisiva; sino que, debemos convertirlos en el punto de partida de un proceso que  lleve a la resolución de problemas, que los lleve al cuestionamiento permanente y a considerar que no todo tendrá solución o respuesta, considerar que la cooperación puede ser crucial para mejorar sus procesos, entender que equivocarse los llevará a reinventarse y encontrar nuevos caminos para la verdad que para muchos de nosotros es única y lineal.
Tenemos entonces, un gran reto como docentes. Tenemos que cambiar los actos de juzgar y castigar por evaluar y motivar; criticar buscando el crecimiento del aprendizaje y no descalificando la ignorancia o escasa información en determinadas materias o situaciones. El camino es largo, los resultados son lentos; pero, debemos empezar ahora si realmente queremos ser docentes educando para este siglo.

lunes, 20 de agosto de 2018

LA MOTIVACIÓN Y LA SORPRESA EN EL APRENDIZAJE


                                                  “No hay Nada importante que no se haya logrado sin entusiasmo”
(Ralph Waldo Emerson)


¿En qué medida la motivación y la sorpresa hacen más significativa una experiencia de aprendizaje en un aula de clase?

Hace unos días, conversaba con un grupo de colegas sobre la importancia de motivar a los estudiantes para que consigan sus objetivos. Uno de ellos me decía que siempre les recordaba a sus chicos que sean alguien en la vida. Recuerdo mucho esa frase, “tienes que ser alguien en la vida”, mi madre siempre señalaba esto cuando nos veía “perdiendo el tiempo” en la calle. Hoy escucho esta frase y pienso qué representaba ser alguien para ella, y me pongo en el lugar de los adolescentes que escuchan esta frase sin saber qué responder, pues estoy convencido que ellos – al igual que yo hace muchos años – no saben que es “ser alguien en la vida”.
Es importante saber que uno de los elementos cruciales del aprendizaje es la motivación, cuando este no existe, difícilmente los estudiantes aprenden. Sin embargo, la motivación no es solo alentar a que aprendan una materia que para ellos resulta ajena y distante. Es intervenir en su estado de ánimo para generar expectativa y necesidad individual – más allá de los campos temáticos-  de que en su aventura individual se vean invitados a descubrir qué es lo que los apasiona, y aprendan a conectarse en función a esa motivación intrínseca, y dejen de depender de la motivación extrínseca que impulsa cada docente en sus clases.
La motivación es la chispa que mueve el motor del aprendizaje, la motivación es la que sostiene todo el proceso de enseñanza y aprendizaje, porque aun cuando se enseña se está aprendiendo. Pero no se trata de motivar por motivar. Los docentes cometemos el error de motivar a los estudiantes con los contenidos de nuestros cursos; y, aunque este elemento es válido y funciona, no es consistente ni continuo.  En algún momento los estudiantes mostrarán el desgaste y se frustrarán frente a los fracasos que surjan. En cambio, sorprenderlos con procedimientos para que aborden contenidos, estrategias para que investiguen determinados campos de su interés, resultará mucho más efectivo para ellos.
En este sentido es que debemos ayudar a los estudiantes a encontrar esa motivación, debemos llevarlos al plano de los objetivos. Qué propósito tiene lo que está haciendo, cuál es el sentido que lo lleva a realizarlo. Esa relación entre los objetivos y los motivos se convierten en la combustión que mantiene su flama elevada. Llegará el momento en que ellos construyan sus propios elementos motivacionales. Cuando esto ocurre decimos que la curiosidad y el descubrimiento de lo nuevo lo están llevando a la autorrealización.
Debemos procurar que la motivación extrínseca que impregnamos en nuestro quehacer para la construcción del conocimiento, en cada uno de ellos se traslade al plano interno y se genere el interés voluntario – no condicionado para que continúe su camino. Sostener el elemento incentivo – recompensa en el proceso de enseñanza aprendizaje nos llevará en algún momento a la indiferencia y superficialidad académica en ellos. La calificación es necesaria, pero no debe ser el canal principal para el desarrollo de los aprendizajes. El profesor debe sumar siempre elementos que generen el interés, sorprender con estrategias, herramientas, recursos diversos que capturen al estudiante; pero, nada de esto servirá si no logramos despertar un auténtico interés individual (motivación que parta de sí mismo).
Ahora bien, la motivación y la sorpresa no son exclusivas o privativas de la labor docente. Los estudiantes deben aportar permanentemente en este campo. Por ejemplo, la cooperación en la construcción del aprendizaje (o método de aprendizaje cooperativo), resulta altamente satisfactorio, se pueden compartir experiencias de éxito, pero también de fracaso. El error como oportunidad para aprender entre ellos mismos, debería constituirse en un desafío de superación, y no de simple frustración. Sin embargo, nuestra cultura docente expresa hasta ahora un inadecuado tratamiento del error, reduciéndolo a fracaso, sanción, punición, o desaprobación. En la medida en que respetemos ese fracaso, haya un tratamiento justo, y personalizado de cada acierto o desacierto, en ese momento impulsaremos ese hálito que los lleve a atreverse y desafiar sin temor, a la observación descalificadora que aun damos los adultos a muchos retos escolares.
La experiencia docente nos dice que esto los ayudará a ser ellos mismos, a asumir su propia personalidad e identidad. Les permitirá lograr el equilibrio entre el impulso y la frustración frente a sus facultades intelectuales.
Por ello resulta crucial generar siempre el asombro en ellos. Sorprenderlos llevará a que busquen por su cuenta nuevas experiencias de aprendizaje, que no necesariamente estarán vinculadas a nuestra materia de enseñanza; pero, honestamente, a quién le importa que aprenda nuestra materia si acaso tenemos frente a nosotros a un futuro médico o ingeniero y nosotros enseñamos historia o literatura. Debemos preocuparnos por brindarles habilidades para se desarrollen ellos mismos, y no limitarlos a nuestras competencias (o incompetencias), para que hagan lo que nosotros queremos que hagan, creyendo qué es lo mejor para ellos.
Motivar y sorprender en el proceso de aprendizaje resultan cruciales para conectar con ellos,  buscar una motivación pertinente y focalizada, llevada con elementos que sorprendan en el proceso y fuera de este, que fortalezca el interés en cuestiones propias de los estudiantes. En el mismo sentido, las pseudo motivaciones, la rutina, la monotonía pedagógica, y el escaso o nulo empleo de herramientas y elementos propios del entorno de las personas a las que llegamos, generará desinterés, desmotivación, aburrimiento y en consecuencia desconexión total. Despertar interés auténtico en potenciales artistas, investigadores, y seres humanos que asuman responsabilidades consigo mismos y con otros, y que sean capaces de automotivarse, impulsarse o movilizarse en un mundo difícil y exigente como el actual.   

miércoles, 20 de diciembre de 2017

EL ÚLTIMO VIAJE

El último viaje es una novela testimonial narrada a través de la voz de Enrique quien nos muestra su infancia y las múltiples peripecias que vivirá junto a sus hermanos.
Lima, Cusco y Ayacucho son los espacios geográficos en los que se desarrolla la trama. Los juegos de tiempo y los recuerdos de un narrador que les da voz a diversos personajes nos llevan a vivir las experiencias, travesuras y desventuras de los niños y de la madre. Esta historia nos hará sentir de cerca el sufrimiento de una familia que llega a Lima en los años ochenta y en donde la vida no será nada fácil. Enrique les da voz a sus hermanos, al travieso Johni, a la tímida Yeny y al pequeño y ocurrente Jimy. Sin embargo, es Andrea, la madre, la protagonista de esta historia. Una mujer que ha sabido enfrentarse a la dureza de la vida y ha sabido salir adelante. Una mujer a la que Enrique le dedica esta completa narración.
El último viaje es una novela que nos mantendrá en vilo y en donde disfrutaremos de las ocurrencias de los personajes y sufriremos con ellos. Una historia muy similar a la nuestra.



Páginas: 96
Papel avena
Distribución y entrega a domicio: enviar mensaje al 994601328

martes, 18 de julio de 2017

EL DISCURSO MÁS EMOTIVO DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

Hola a tod@s.
Hace unos días, participe de la actividad por fiestas patrias en Lord Byron School. El discurso central estuvo a cargo de mi colega y amigo Levi Vargas Domínguez y fue tan intenso, tan emotivo que me atreví a pedirle la copia del documento. Se los comparto con la ilusión de que las palabras de este gran maestro recaigan en ustedes y que el mensaje llegue a tocar esas fibras de peruanidad tan venidas a menos en estos últimos tiempos.

Aquí el discurso.


La Molina, 14 de julio del 2017


DISCURSO DE ORDEN POR FIESTAS PATRIAS
“LA PERUANIDAD”
Se afirma que en los primeros años de vida de todo ser humano se afianza el desarrollo intelectual, los cimientos de la conducta moral y sobre todo, la dimensión afectiva. Si esto último fuera indudablemente cierto, ¿qué tiene el Perú que es capaz de generar vínculos no perecibles en nuestras vidas? ¿Qué título correspondería a ese sentimiento referido a un amor apasionado por el Perú?
 
Y es que esta hermosa tierra nos sorprende con su grandeza, y por ello daré algunas posibles respuestas:
El Perú es un ADN INMUTABLE. El privilegio de nacer en esta tierra favorecida con recursos naturales, con espacios habitables de ensueño y con el entorno de la gente más hospitalaria del mundo, genera un ARRAIGO INDESTRUCTIBLE. Podrá el peruano, por vicisitudes de la vida salir de las fronteras y partir con destino sin retorno, pero el orgullo de haber nacido en el Perú se lleva en la sangre y se transfiere a las futuras generaciones. No nos avergüenza nuestros orígenes, nuestros modismos y adaptaciones. Por el contrario, en cada ocasión en el que haya encuentros de diversidad cultural, el peruano vuelve a la infancia de ayer, y deja aflorar lo que no se puede negar: la formación genuina de cada quien en su cuna, en su hogar. Con sus propias tradiciones y con sus propios valores. Porque eso es el Perú: nuestra raíz, nuestra sangre.
 
El Perú es la consumación real de un SÍ SE PUEDE. A pesar de la infancia dura que vivieron las recientes generaciones pasadas por causa del quiebre de la economía nacional o por el terror de la insurgencia terrorista, el Perú siempre supo salir adelante. Y fueron esas generaciones sufridas de niños e infantes del ayer los que han edificado para nuestros hijos de hoy, un país pujante, emprendedor, con oportunidades y con aires de paz y unidad. Esos niños e infantes del ayer, están aquí presentes, son los padres lordbyreanos que ahora tienen la dicha de cosechar lo sembrado y la posibilidad de agradecer al Altísimo por aquellos que hicieron camino por nosotros: nuestros ancestros que, de estar vivos, de seguro cambiarían algo en su vida, pero jamás la dicha de haber nacido en esta patria, en la que depositaron todas sus esperanzas. Porque eso es el Perú, un país de esperanza.
 
El Perú es una patria que se reinventa y regenera con talento universal:
Somos hijos de peruanos universales que engrandecieron y siguen engrandeciendo esta patria querida:
  • con la santidad de Isabel Flores de Oliva o la diplomacia de Javier Pérez de Cuéllar
  • con la pluma de Abraham Valdelomar o las construcciones literarias de Mario Vargas Llosa;
  • con la sazón de Josefa Marmanillo (doña Pepa) o la de Virgilio Martínez y su Central;
  • con el zapateo y ritmo de cajón de los Ballumbrosio o con el rasgueo lúgubre de la guitarra de Manuelcha Prado
  • con la prosa de Chocano, como con las décimas de Nicódemes Santa Cruz
  • con el pincel de Pancho Fierro o con las manos vanguardistas de Fernando de Szyszlo
  • con las 5 octavas de Yma Sumac o el dulce bel canto de Juan Diego Flores
  • A grito de “¡cumbre!” de Víctor Rímac en el Everest o con el flameo de blanco pañuelo de Astrid Vargas 
  • A grito de gol de un Guerrero o celebración de un punto de oro con un zurdazo de Cecilia Tait.

    Pero por encima de todo, no hemos de olvidar que:
    Somos hijos de Micaela Bastidas, de María Parado de Bellido y de José Olaya Balandra en las primeras líneas de la Historia del Perú escritas con sangre y pundonor.
    Somos hijos de Grau, de Bolognesi, de Cáceres y de las rabonas en los anales de la consolidación republicana del Perú. A ellos, y a tantos próceres, mártires y héroes, sempiterna gratitud por los cimientos de este humilde betel, la casa de Dios, llamado Perú.
     
    Volviendo a la pregunta inicial: ¿Qué tiene el Perú que nos genera un vínculo irrompible? Lo tiene todo y nos tiene a nosotros.
     
    Ese lazo afectivo traducido en orgullo y amor propio se llama PERUANIDAD.
    Aquello se cultivó desde nuestros hogares de la mejor forma como nuestros padres lo heredaron de los suyos. Porque esa es la mística de ser peruano: que la PERUANIDAD es contagiosa, se multiplica y jamás se niega.
     
    Que esta celebración por Fiestas Patrias sea un verdadero tributo para algo más que un símbolo material y fecha efeméride. Que sea tributo para aquellos mortales que se inmortalizaron en defensa y amor de nuestra historia y en la construcción y protección de nuestra identidad, la peruanidad.
     
    Dios nos permita defender y dejar esta sagrada herencia, nuestra identidad, nuestra peruanidad para las futuras generaciones.
     
    ¡¡Viva el Perú!!
     
    Autor: Prof. Levi Vargas Domínguez


jueves, 16 de febrero de 2017

TEACHER TUBE

Buenos días.
Hoy comparto con ustedes este canal para docentes: TEACHER TUBE, un canal exclusivo para docentes y que cuenta con una base de datos con audios, videos, fotos y una gran cantidad de archivos que aportan de manera directa a la mejora de la enseñanza-aprendizaje en las escuelas.
A mi me agradó el video sobre los INCAS. Aquí les dejo el camino directo a la página http://www.teachertube.com y el video de 14 minutos para que lo disfruten.

Que tengan un estupendo día.




Si quieres mayor información sobre este portal, puedes encontrar una buena explicación en la revista digital EDUCACIÓN 3.0 en
http://www.educaciontrespuntocero.com/recursos/teachertube-videos-y-archivos-educativos/18970.html